Llega un momento en el que las decisiones que tomas no son siempre las más adecuadas, ni las que hubieras cogido. Vamos a un ritmo frenético, no paramos, nos empeñamos en hacer miles de cosas que nos realizan como personas, pero no disfrutamos del día a día pensando en esas cosas. Esas cosas, pequeñas la mayoría de veces, son las que marcan nuestra vida y las que más nos cuesta deshacernos. Tales cosas como odiar el despertador por la mañana, tomar café con un cigarro, la forma de reirnos...
A lo largo de nuestra vida, menos mal, experimentamos cambios, debido al cambio de ciudad, nuevos compañeros (nueva vida al fin y al cabo). Pero cuando en esa nueva vida ves a alguien de la infancia siempre te da alegría, te preguntas el porque de haberse distanciado y el porque de no poder comenzar otra vez juntos. Pero lo mejor es estar así, cada uno tiene su vida, su familia, su lugar de trabajo, su entorno, nuevos bares, nuevas zonas de ocio y de divertirse. Son esos cambios los que te hacen darte cuenta que la vida es mucho más importante que el pasado, que aunque forme parte de nosotros, no podemos estancarnos allí y que hay que caminar poco a poco, luchando el presente, disfrutandolo y cultivar un buen futuro.
Mi vida no la cambio, hay cosas que no me gustan, pero creo que si las cambiara, las echaría de menos. Encontrarme con mi pasado me ha hecho recordar quien soy, y doy gracias por haberlo hecho. Pero creo que es hora de vivir el presente.
Buena reflexión Faura ^^
ResponderEliminarme alegro de que te haya gustado ;)
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