Las opiniones son tan variadas como millones de personas hay en el mundo. Todos aportamos nuestra opinión a este mundo, que a veces nos parece enorme y muchas veces nos agobiamos dentro de él. No pretendo excluir ninguna opinión, pues hasta la más pequeña puede ser la más necesaria. Cada opinión nos da un aire nuevo, una perspectiva, un poco de luz que nos ayuda a mejorar. Aún recuerdo el momento en el que la opinión que más me influyó llegó a mi cabeza. Fue simple: las palabras entraron por mi cabeza, asentí como un necio sin saber todavía lo que significaba, después las palabras fueron calando en mí, y pasaron a mis sentimientos, y éstos controlan mi forma de vida. Recuerdo bien aquellas palabras, palabras de ánimo en un momento oscuro. Esas palabras no fueron ni más ni menos que si un final no acaba como esperas, no es un final. Esto al principio me dio risa, ya que yo no podía ver más allá de mí, de mi soledad, mi pesimismo, pero una y otra vez rebotaba en mi cabeza esas palabras, que cada vez me incitaban a buscar mi final, ya que si no habían salido las cosas como yo esperaba, necesitaba ver mi final. Justo cuando comprendí estas palabras me sentí alegre, por primera vez en mucho tiempo, como si hubiera volado a un lugar de mi cabeza, un lugar especial, lleno de luz, de agua, de vida, de frescor. Un lugar tan maravilloso que se que ese será mi final.

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