En fin, si deseas asumir la aventura de educar, de ayudar a la humanidad que te ha tocado en suerte, y también de ayudarte a ti mismo, tienes que cumplir el deber de saber querer, y nunca desesperarte, esto todos los días de tu vida.
Paso a paso, hasta la última hora, envejeciendo hacia la juventud que espera al final, como dice el dicho, todos para uno y uno para todos. Tal cosa es un dulce deber y una gratificante oportunidad que la vida reserva a quienes "creemos que sabemos" y además lo queremos demostrar día a día y nunca dejar de intentarlo. Saber querer es ayudar a los demás y sólo ayudando a los demás nos ayudaremos a nosotros mismos
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