Siempre imaginé que el Paraíso debe de ser como una gran biblioteca- J.L. Borges

miércoles, 13 de abril de 2011

Primeras impresiones

Entré a ese despacho, un lugar con muy poca luz a pesar de estar las  ventanas abiertas. La poca luz dejaba ver en el despacho todos los archivadores y los libros de registro, así como una máquina de escribir y un viejo ordenador. Al entrar vi a ese hombre, no me transmitió mucha confiaza cuando lo vi. Su rostro enjuto, sus cabellos blancos, gafas grandes y tratando de apagar un cigarro en el cenicero. Cuando había acabado sacó su caja de Fortuna y encendió otro cigarro, y me ofreció uno, pero lo rechacé. En el ambiente se podía apreciar diversos olores: tabaco, sudor y papeles antiguos. Un olor repugnante, en conjunto, pero que no me echó para atrás. Estando de pie al lado de su mesa, se levantó, me estrechó la mano y me pidió los documentos que le traía. Su voz era ronca, pero me transmitió seguridad en él mismo. Así fue como conocí al creador de toda esta hazaña.

No hay comentarios:

Publicar un comentario