Son de esos días en los que sólo te apetece sumergirte en un libro y no salir. Desearías ser el protagonista de la historia, o el antagonista, o simplemente el mero acompañante de ambos.
Disfrutar de una escena de ficción, ser inmortal como las historias y sobre todo enseñar a quien nos lea que hay diferentes formas de ver el mundo y que eso sólo lo sabrá leyendo nuestra historia.
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