Quiero dedicarme a escribir, pero a veces ni me molesto por leer. Estoy en uno de esos momentos en los que la vagancia es superior a mis ganas de ser el mejor. Ella siempre detrás e impide que por las noches pueda descansar, ella por delante y por el día me distraigo pensando en su cuerpo, sus ojos, su sonrisa. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Aún recuerdo como aquel día, la maldita muerte se la llevó. Como la vida es tan corta. Una mañana te levantas junto a mí, compartimos besos y abrazos, y al volver a casa ya está todo vacío y lleno de bellos recuerdos que en este momento saben a dolor y rabia. ¿Cómo no haberte amado? Un todo y a la vez nada. Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Mi dolor lo calmaba la poesía, siempre alegrándome al entenderme. Pero en estos momentos en los que me ronda la cabeza su recuerdo, me pregunto el por qué. Siento que mi subconsciente me dice algo. Tal vez sea que me da miedo el compromiso con alguien por miedo a perderla, o tal vez que aquellos que lloraban el día de su muerte ahora ríen y disfrutan de la vida, que siempre dijeron que no me dejarían solo, y aquí estoy. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Esta noche la nostalgia se apodera de mi, porque todo hubiera sido diferente. Las otras mujeres con las que he estado, y nada he sentido por ellas, porque todo lo que he hecho ha sido por ella. Tal vez me lo demostró en su último día, levantándose conmigo, compartiendo besos y abrazos, y por supuesto despedirnos por si acaso. Y esta noche escribo esto, tal vez nadie lo lea, pero esto va dirigido a ti. Amada que tantas veces huíste por miedo a encontrarte. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido.
La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado, la imaginación rodea el mundo. [Albert Einstein]
Siempre imaginé que el Paraíso debe de ser como una gran biblioteca- J.L. Borges
jueves, 30 de junio de 2011
viernes, 17 de junio de 2011
puf!!!
Y te ríes por no llorar. Porque a veces un fallo tuyo puede hacer que se vaya todo la mierda. Un fallo, que tu te lo tomas como broma y la otra persona se lo toma a pecho. Un fallo que te echa las cosas en cara, y te escupe a pesar de siempre haber apoyado en todo.
Tal vez me suene tu cara, pero cuando te vea por la calle pasaré de largo. Tú me has roto, pero también es verdad que me vuelves a arreglar. Pero ya no quiero más reparaciones de tu parte, me cansas, me odias, aunque digas que me quieres, te escabulles cuando quedamos y ni siquiera te dignas a hacerme un favor.
La vida es dura, chica, me chocaré contra titanes y caeré como una fracasado, pero a pesar de estar en el fondo, estaré más alto que tú. Creo que falta coherencia en estas palabras, que no llegan a las 10 líneas, pero, ¿quién ha dicho que tenga que haberla?
-Te hartas de la coherencia porque eres alocado y feliz, deja que la gente siga llevando la razon y disfruta de tu pequeño mundo en el cual todos tus pensamientos bailan libremente. Tal vez la clave sea seguir siempre riendo, aun cuando llores.
Tal vez me suene tu cara, pero cuando te vea por la calle pasaré de largo. Tú me has roto, pero también es verdad que me vuelves a arreglar. Pero ya no quiero más reparaciones de tu parte, me cansas, me odias, aunque digas que me quieres, te escabulles cuando quedamos y ni siquiera te dignas a hacerme un favor.
La vida es dura, chica, me chocaré contra titanes y caeré como una fracasado, pero a pesar de estar en el fondo, estaré más alto que tú. Creo que falta coherencia en estas palabras, que no llegan a las 10 líneas, pero, ¿quién ha dicho que tenga que haberla?
-Te hartas de la coherencia porque eres alocado y feliz, deja que la gente siga llevando la razon y disfruta de tu pequeño mundo en el cual todos tus pensamientos bailan libremente. Tal vez la clave sea seguir siempre riendo, aun cuando llores.
miércoles, 8 de junio de 2011
La atrayente figura del tren
Dependiendo de la sociedad, una persona actúa de una manera u otra. Tantas culturas encerradas en este pequeño mundo y tan poca comprensión entre todas. Mi sociedad, el lugar metafísico donde vivo, pretende que todos los hombres acabemos uniendo nuestra vida a otra persona con la que compartir el resto de tu vida, o un fragmento de ella ¡Me niego a buscar!... ¿Lo busco?... ¿Por qué?... ¿Por qué no?
Me contradigo... ¿Por qué? Tal vez luchen mi mente y mi corazón y no encuentre la serenidad por esta causa. Mi corazón siente que no quiere acabar solo, como aquella mujer del pueblo (la que nadie supo de su muerte hasta una semana después), pero mi mente piensa en que no es necesario, es bueno relacionarse, pero nada serio con nadie. Tal vez por miedo a perderlo.
Aún recuerdo a aquella chica, diría que no tenía más de veinte años. Morena, alta, con ojos marrones y labios carnosos, nariz prominente que afeaba su cara, pero su rostro era enigmático a la vez que sexy. Eso fue la primera impresión cuando la vi cogiendo el tren. Recuerdo como yo iba hablando con mis amigos y ella se puso en el banco de al lado, sola, meditativa, discutiendo consigo mismo si abrir el libro que llevaba en la mano o encender el reproductor mp3. Al final optó por leer el libro, y ese gesto me dejó prendado. Aquella imagen... Recuerdo que me gustaba ir en tren para verla aunque nunca hablaba con ella. La tenía en mi mente como una divinidad. Mis amigos se reían de mi porque decían que no era gran cosa, pero su mirada... su oscura y fría mirada cada vez me atraía más.
Me estaba volviendo loco... ¿cómo amar a una mujer sin saber siquiera su nombre? ¿Y si tenía pareja?... Prefería no preguntarme nada e imaginarla perfecta, no quería saber nada más. Creía que sólo hablando con ella perdería ese encanto de perfección que había en mi cabeza. Cuantos más meses pasaban más ganas tenía de viajar en tren. Cuando iba yo solo me saludaba, pero si había alguien me ignoraba completamente.
Estuve con otras mujeres, pero no conseguía quitarme de la cabeza aquella figura. Quería saber cosas de ella, pero me negaba a buscar. Aunque hoy dudó si busqué: ir todos los días al tren, necesidad de verla, quería ir solo para que me saludara. Puesto que para mi eso era buscar, o por lo menos un indicio, seguí adelante. Al día siguiente de proponermelo fui al tren con la idea de presentarme y entablar una conversación, pero ella no fue. Pensé que estaría enferma, pero pasaron los días, las semanas y no aparecía. Algo dentro de mi me incitaba a seguir yendo al tren, pero conforme pasaron los días esa esperanza de volver a verla desapareció.
Hoy me niego a seguir buscándola, ni a ella ni a ninguna otra. Si aparecen dejaré llevarme e intentaré entablar una relación con ella, pero esto... ¿es buscar?
Me contradigo... ¿Por qué? Tal vez luchen mi mente y mi corazón y no encuentre la serenidad por esta causa. Mi corazón siente que no quiere acabar solo, como aquella mujer del pueblo (la que nadie supo de su muerte hasta una semana después), pero mi mente piensa en que no es necesario, es bueno relacionarse, pero nada serio con nadie. Tal vez por miedo a perderlo.
Aún recuerdo a aquella chica, diría que no tenía más de veinte años. Morena, alta, con ojos marrones y labios carnosos, nariz prominente que afeaba su cara, pero su rostro era enigmático a la vez que sexy. Eso fue la primera impresión cuando la vi cogiendo el tren. Recuerdo como yo iba hablando con mis amigos y ella se puso en el banco de al lado, sola, meditativa, discutiendo consigo mismo si abrir el libro que llevaba en la mano o encender el reproductor mp3. Al final optó por leer el libro, y ese gesto me dejó prendado. Aquella imagen... Recuerdo que me gustaba ir en tren para verla aunque nunca hablaba con ella. La tenía en mi mente como una divinidad. Mis amigos se reían de mi porque decían que no era gran cosa, pero su mirada... su oscura y fría mirada cada vez me atraía más.
Me estaba volviendo loco... ¿cómo amar a una mujer sin saber siquiera su nombre? ¿Y si tenía pareja?... Prefería no preguntarme nada e imaginarla perfecta, no quería saber nada más. Creía que sólo hablando con ella perdería ese encanto de perfección que había en mi cabeza. Cuantos más meses pasaban más ganas tenía de viajar en tren. Cuando iba yo solo me saludaba, pero si había alguien me ignoraba completamente.
Estuve con otras mujeres, pero no conseguía quitarme de la cabeza aquella figura. Quería saber cosas de ella, pero me negaba a buscar. Aunque hoy dudó si busqué: ir todos los días al tren, necesidad de verla, quería ir solo para que me saludara. Puesto que para mi eso era buscar, o por lo menos un indicio, seguí adelante. Al día siguiente de proponermelo fui al tren con la idea de presentarme y entablar una conversación, pero ella no fue. Pensé que estaría enferma, pero pasaron los días, las semanas y no aparecía. Algo dentro de mi me incitaba a seguir yendo al tren, pero conforme pasaron los días esa esperanza de volver a verla desapareció.
Hoy me niego a seguir buscándola, ni a ella ni a ninguna otra. Si aparecen dejaré llevarme e intentaré entablar una relación con ella, pero esto... ¿es buscar?
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