Siempre imaginé que el Paraíso debe de ser como una gran biblioteca- J.L. Borges

lunes, 23 de mayo de 2011

Sylvie

Sólo nos quedaba como refugio aquella torre de marfil de los poetas, por donde subíamos siempre más rriba para aislarnos de la multitud. En aquellos puntos elevados adonde nos guiaban nuestros maestros respirábamos por fin el aire puro de las soledades, bebíamos el olvido en la copa de oro de las leyendas, estábamos ebrios de poesía y de amor. Amor, ¡ ay, por las formas vagas, los tonos rosas y azules, los fantasmas metafísicos!. Vista de cerca, la mujer real indignaba nuestra ingenuidad; tenía que aparecer como reina o diosa y, sobre todo, había que evitar acercarse a ella.

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