Ante la trágica noticia que he recibido esta tarde, y un día antes de hacer el examen de Literatura Medieval, quiero hacer un inciso en mis estudios para dar paso a mi vida. He descubierto, tal vez de la peor manera, que la vida es corta y que cuando pensamos que no nos va a pasar nada, ¡zas! Ahí viene el estacazo. Soy de los primeros en reconocer que no sé si habrá algo después de morir, pero seguro que muchas veces vamos a estar mejor que en este mundo.
Pero en estos momentos no quiero hablar de la fugacidad de la vida. Eso lo dejo para el tanatorio y para los familiares. Para vosotros os traigo algo, una cosa que seguro que la sabéis, pero que, muchas veces por cobardía, no somos capaces de hacer. Disfrutar lo que podamos, Carpe diem dirían los romanos. Como he dicho estoy de exámenes y tengo muchos libros, muchos autores de la Edad Media metidos en mi cabeza, desde el Cid a la puta Celestina. Pasando por otros tantos, que a pesar de estar muertos han sabido disfrutar la vida. En el Cid vemos que la vida de Rodrigo era la guerra y sus hijas y las defendió hasta su muerte, y la Celestina, defendió el colgante que consiguió, el colgante al que dejó su vida.
Disfrutar de la vida como si fuera el último día es una locura, porque a lo mejor tienes la suerte de seguir viviendo. Disfrutar la vida como si fueras a vivir toda la vida tampoco, te arrepentirías de todas las cosas que no has llegado a hacer. El tiempo corre, ya lo dijo Jorge Manrique.
Recuerdo a lo que le dejé mi vida, esa cosa que tanto se han empeñado en que yo no consiga. Básicamente, ya no lo quiero, todo vuestro. Mi vida ha perdido su rumbo, pero yendo a la deriva también encuentras tierra e incluso hasta más fértil. Se empecinaron en desplazarme de mi tierra y de humillarme antes de partir, pero no sufráis, ya me he ido. Sé que lo hicisteis por miedo a que os superara. El miedo os pudo y ahora soy superior a vosotros pero igual de importante que todos.
“No es amigo mío el que me compadece, sino el que me auxilia”